Bruto Pomeroy es el actor de las mil caras, como lo demostró en la sesión fotográfica Juego de actor© Alberto Otero

Actor teatral desde finales de los setenta. Formó ya parte del grupo Akelarre, dirigido por Luis Iturri. Amante del cómic. Junto a Jesús Cuadrado, Luis Conde o Ignacio Fontes, entre otros, perteneció a la segunda generación de teóricos del cómic surgida en España. Fue fundador de Madrid Cómic (1984), de la que estuvo al frente dieciséis años. Promotor cultural, crítico, editor… Pero, además, un hombre que cree en el cine hecho en nuestro país y por profesionales nacionales. Madrileño de origen jerezano, bilbaíno de adopción, periodista por la Universidad del País Vasco, Mario Ayuso Galán (1958), conocido como Bruto Pomeroy, es más que un rostro conocido. Formó parte del programa infantil Los mundos de Yupi. Directores como Álex de la Iglesia, Javier Fesser, Miguel Albadalejo o  La Cuadrilla, cuentan con él como actor de reparto.

Otra de las parcelas que Bruto no ha dejado de lado ha sido el cortometraje. Vemos sus apariciones en series populares, como al subinspector Sabino García en El comisario, por el que fue nominado a los premios de la Unión de Actores. Cortometrajes como La Raya, de Andrés Koppel; Reflejos, de Juan López Salvatierra o sus trabajos con David Macián le han brindado galardones en distintos festivales de cine. La Agencia del Cortometraje Español (ACE) le otorgó sendos premios en 2009 y 2010 nombrándole embajador del cortometraje español. Ha sido director de los festivales de cine: Pata negra en Salamanca y Festival de Cine y Trabajo de Madrid, así como responsable del Espacio Cinematográfico Calle 54. En la actualidad, compagina su actividad de actor con la dirección de la Galería de arte El Viajero Alado y la dirección de la Escuela de Cine de la UCA, en Puerto Real, su lugar de residencia.

• Bruto, ¿qué te vincula a Puerto Real?

Estoy encantado de vivir en Puerto Real. Vivir en esta ciudad, es vivir en Cádiz. En Madrid —donde vivir a cuarenta, cincuenta o sesenta kilómetros de la capital— es vivir en Madrid, residir en la bahía, es sentirse cerca de todos los lugares que te rodean, máxime cuando mis raíces son gaditanas. Vengo de un Madrid asfixiante, donde desde la Puerta del Sol o desde la Plaza de Santa Ana, las distancias se miden por horas, que es lo que se tarda en llegar a un sitio. Aquí se miden por minutos. Estoy aprendiendo a amar la provincia de Cádiz y estoy maravillado con cada descubrimiento que hago; su encanto geográfico y, sobre todo, su gente. Soy gaditano de la diáspora.

• Eres un hombre polifacético, pero eso no es casual. Todas las parcelas que tocas están estudiadas, trabajadas, perfiladas… ¿cómo ha sido tu trabajo en cada uno de esos ámbitos?

Cuando era muy joven, soñaba con ser periodista. De hecho estudié Periodismo en el País Vasco porque coincidió con que mis padres tuvieron que irse a Bilbao a trabajar. Fue entonces cuando también hice mis primeros trabajos como actor. El periodismo, la interpretación, el arte contemporáneo, en el que estoy inmerso, son parcelas comunes para mí, donde hay tantos puntos de conexión, que al final el polifacetismo no lo entiendo como tal.

Y, teniendo en cuenta que ser polifacético tiene un matiz peyorativo en nuestro país, es como hacer un poco de todo y no centrarte en nada. Por eso no lo entiendo así. La inmensa mayoría de las cosas no sé hacerlas; no soy un tipo manitas, ni sabría ser abogado o médico. Creo tener un buen ojo para el trabajo gráfico y artístico que hacen otros —no me considero artista plástico— y con mi trabajo como actor, intento echarle muchas ganas y emoción. Esto último es lo natural al hecho teatral y cinematográfico, a parte de la técnica y de la constancia. La emoción es un valor que no sólo vale para el trabajo, sino que es la esencia de la misma vida. Hay que echarle emoción a la vida. Eso nos da muchas ventajas.

 

Retrato Alberto Otero Bruto Pomeroy

El actor madrileño en plena pose. © Alberto Otero

• ¿Cómo evitar el intrusismo en el cine? 

Es imposible de evitar y eso será siempre así. Hay muchos caminos para llegar. Estaba estudiando Periodismo por mi vocación por esta profesión —de hecho soy de esa generación de periodistas que yo llamo Lou Grant, en referencia a una serie televisión estadounidense, emitida por la cadena CBS a finales de los setenta, y que nos marcó a una generación— y en ese momento me matriculé en unos talleres que ofrecía la Universidad. Cursos gratuitos muy bien dotados, no sólo económicamente sino, sobre todo, en el plano docente. Estaban impartidos por excelentes profesionales, gracias a  los que me vinculé a un taller de teatro. Todo esto hizo que poco a poco el veneno del teatro fuera lucubrándose en mis venas, dejando paso también al cine.

En  este sentido, quiero hacer hincapié en que en la década de los setenta y principio de los ochenta, hacer cine suponía prácticamente ser niño de papá o estar muy arropado económicamente. Actualmente, por suerte, no lo es tanto, fundamentalmente por la revolución digital, al margen de otras muchas cuestiones. Hace décadas para tener una cámara, había que alquilarla o hacer una importante inversión. Actualmente, con un teléfono móvil o una cámara prestada de un amigo, puedes hacer rodajes de muy buena calidad.

En mi caso, mi trayectoria ha estado marcada por el sentido del humor. He intentado e intento tomarme la vida como un divertimento. Creo que de esa manera tal vez consigas transmitir, que es el trabajo final de los actores. Y pienso que es lo que tenemos que conseguir, independientemente de a lo que nos dediquemos: transmitir las emociones. Cuando ves a alguien que trabaja en la madera de forma meticulosa  o  a ese camarero, que le echa ganas a la vida y te cae bien porque te trata de forma exquisita —a lo mejor por un sueldo mínimo—  te llenas de emociones. Es por lo que se vuelve a los sitios, es por lo que quieres ver de nuevo a una persona, y eso es lo que tiene que ser la vida. Y el cine y el teatro justamente se nutren de la misma vida.

• Actor de televisión, cine, teatro, crítico, experto en cómic… ¿con qué te quedas?

Hay trabajos con los que uno está más a gusto. Ahora por ejemplo, estoy muy satisfecho con el largometraje La mano invisible, del que también soy coproductor. Una película cooperativa autogestionada, basada en la novela de Isaac Rosa. Y como he dicho antes, que el cine se nutre de la misma vida, de las emociones, este film lo consigue. La mano invisible invita al espectador a que cuestione todo aquello que nos enseñan de pequeños en torno al trabajo y que rara vez ponemos en duda. Hace que el espectador se meta en un espacio intermedio entre los protagonistas de la historia.

Al final subyacen cuestiones como: ¿Por qué trabajamos? ¿Para vivir bien, para cumplir nuestros sueños? ¿Para sentirnos útiles? ¿Sabemos realmente para quien trabajamos y para qué sirve lo que producimos? ¿Podríamos enfocar el trabajo de otra manera? Es una película por la que estoy batallando muchísimo, defendiéndola como mía, siendo mi trabajo como actor uno de los once que forman el elenco con un papel protagónico muy similar, con lo que no hay protagonistas. Trabajar con David Macián, director y guionista de la película, me ha proporcionado muchas satisfacciones. Han sido tres años de durísimo trabajo por parte de todo el equipo.

• Constituyes junto a Jesús Cuadrado, Luis Conde, Ignacio Fontes, Carlo Frabetti, entre otros, a la segunda generación de teóricos del cómic surgida en España. ¿Cómo ha sido la evolución de este género?

Soy un pionero, por cuestión de edad, en haber montado una librería especializada en cómic. Pensé que como actor, en lugar de montar bares, que me resultaba menos divertido, tenía que abrir un sitio especializado en cómic en ese Madrid de los ochenta cuando nacía ese movimiento contracultural. Así surgió Madrid Cómic, cuando todavía no existía ninguna. De hecho, en la Gran Vía madrileña, la gente se quedaba mirando y preguntaba: ¿Usted sólo vende tebeos? Pues sí. Para qué ibas a dar más explicaciones.

 

Retrato de Alberto Otero a Bruto Pomeroy

Una de las imágenes más rompedoras de Bruto Pomeroy durante la sesión fotográfica. © Alberto Otero

• ¿Cómo ha sido la evolución de este género?

En cuanto a la evolución del cómic en nuestro país, ha sido muy positiva. Hay muy buenos artistas de talla internacional y las nuevas generaciones vienen pisando fuerte. Esta nomenclatura de hace aproximadamente una década, de novela gráfica, permite a los profesionales del mundo del cómic y el tebeo, entrar en las librerías que no sean especializadas, dándole más visibilidad y divulgación. Pero no hay que olvidar, qué el cómic en España perdió un tren, que sí cogieron países como Bélgica o Francia, dónde en cualquier librería había cómics y un lugar privilegiado para el tebeo. En nuestro país, como en tantas muchas cosas, perdimos ese tren. La buena noticia es que cada vez hay más gente que se acerca al mundo del cómic, tanto lectores como escritores. Toca mencionar a Isaac Rosa, el novelista de La mano invisible, que también ha hecho una versión en cómic de una de sus obras. Antes parecía un gueto de unos cuantos frikis nada más. Hoy hay más interacción entre disciplinas artísticas.

La evolución del cine en nuestro país ha sido evidente, a lo que hay que sumar el descubrimiento de nuevos enclaves para rodajes. Tú resides en una provincia que ya ha sido utilizada. En una tierra agraciada como Andalucía, queda aún camino por recorrer. Creo que somos muy vírgenes, para bien y para mal. Para poder rodar en un marco como Andalucía, y en concreto en la provincia de Cádiz, hay que seguir trabajando muchísimo, no sólo los profesionales, sino las administraciones que han de apostar por el cine.

Cabe recordar que la Junta de Andalucía aprobó hace meses un presupuesto para promocionar a Cádiz como plató acuático, aunque desconozco en qué punto se encuentra. Lo que sí es cierto es que hay muchas personas que están trabajando para investigar cómo se podría poner en pie este tipo de plató tan característico.

Por otro lado, podemos presumir de haber sido escenario de producciones tanto extranjeras como nacionales. Quién no recuerda a Halle Berry en La Caleta. De esto hace ya bastantes años, y desde entonces hasta el momento han sido varios los largometrajes rodados en escenarios naturales andaluces.

• En este sentido, la Escuela de Cine juega un papel fundamental.

Este verano Isaki Lacuesta junto con alumnos de la Escuela de Cine, ha estado rodando su último largometraje en las inmediaciones de San Fernando y Chiclana. Tengo por tanto la esperanza de que la producción de cine en Andalucía tendrá el impulso que merece. Es lo que pretendemos desde la Escuela de Cine: que los estudiantes vayan tomando contacto con la realidad cinematográfica. En su corta vida, poco más de año y medio, ya hay alumnos trabajando en películas. La Universidad de Cádiz apostó por este proyecto, que tiene muy buenas trazas, y que a pesar de estar comenzando, cuenta ya con los mejores profesionales para su formato de clases magistrales. Actores como Pedro Casablanc, o el gran animador de cine, creador de Tadeo Jones o Atrapa la bandera, Paco Sáez; la escritora Elvira Lindo, o el director y guionista Moncho Armendáriz, son algunos ejemplos de quienes vienen a dar sus clases.

 

Retrato de Alberto Otero a Bruto Pomeroy

Un Bruto Pomeroy más descarnado. © Alberto Otero

• Bruto, cuéntanos qué es El Viajero Alado.

El Viajero Alado es un proyecto más personal. Es una Galería de arte contemporáneo que nació hace siete años, que está teniendo una andadura tranquila y discreta, y que a veces nos permite salir de nuestras fronteras y exponer en Suiza, Bélgica o Francia con algunos de nuestros artistas. Como director de la galería, soy muy cuidadoso eligiendo a los pintores, escultores, fotógrafos, grabadores, ilustradores, y demás artistas plásticos, porque me gusta tener a los mejores.

Me satisface ir rodando en esta aventura del Arte con este pequeño equipo de personas, y que dos de ellos, hayan sido premiados recientemente con la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes. Considero que son gente con valía, algunos conocidos y otros que están por conocerse. También te hemos visto Bruto, en otra faceta, la de modelo de fotografía, en muestras nada convencionales y en las que juegas contigo mismo, como las fotografías que ilustran esta entrevista.

Lo de posar me encanta. El ego de un actor debe de estar muy alto. Bromas aparte, fotógrafos muy prestigiosos han contado conmigo para trabajar. Por mencionarte algunos, Pablo Cappa  y Silvia Jareño, son un tándem de fotógrafos, que no hace mucho, hicieron conmigo un trabajo como elemento de posado. Otro gran trabajo es el realizado por Alberto Otero, Juego de Actor. Una exposición itinerante muy divertida, fruto de un posado de nueve horas ininterrumpidas, en las que hay una transformación de Bruto Pomeroy jugando con el físico y la gestualidad. Es sacar partido a un tipo que no es precisamente George Clooney, salvo en la edad, y jugar con su físico. (Se escuchan unas risas). Es muy gratificante para mí y por supuesto para ellos como fotógrafos.

• ¿Qué proyectos te entusiasman actualmente?

Mi proyecto más ilusionante es la Escuela de Cine de la UCA. Que vaya cogiendo cuerpo, se consolide y se rodee de profesionales de primer nivel. Un prestigio que cuesta conseguir, pero que se logra con trabajo y con tiempo.

Anabel Flores
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