El soldado alemán Werner Golberg en realidad era un mischlinge, tenía ascendencia judía. © idnes.cz

Impecable, ¿verdad? No sé quién dijo en una ocasión que los alemanes son el único pueblo que tan sólo sabe vestirse para ir a la guerra. Aquí tienen un buen ejemplo, el perfecto soldado ario: barbilla marcada, pómulos prominentes, pelo rubio y ojos de un gélido azul. Además, luce airoso un casco de acero (stahlhelm) modelo 1935 con el emblema nacional y una feldbluse de soldado raso (shütze), pues carece de cualquier marca de empleo. Los cuellos, de color verde esmeralda, llevan el ribete blanco de la infantería y las divisas son planas.

Pero las apariencias de película de Segunda Guerra Mundial con malvados nazis de esta instantánea engañan. En verdad el protagonista de esta fotografía era judío. Pero un buen día de 1939, después de la ocupación alemana de Polonia, un fotógrafo de la revista Berliner Tageblatt comprendió que era el prototipo del soldado teutón. No es extraño que apareciera en un reportaje bajo el epígrafe El soldado alemán idealWerner Golberg, que así se llama el protagonista de esta fotografía, en realidad era un mischlinge, es decir, alguien con ascendencia aria parcial.

El problema tenía que ver con su sangre judía, su padre lo era y su madre, alemana de origen, seguía la confesión cristiana. A pesar de ese inconveniente, se sabe que sirvieron en los fuerzas armadas alemanas un total de ciento sesenta mil hombres de ascendencia judía, según el historiador Bryan Mark Rigg. Werner, que había nacido en 1919, dejó la escuela y trabajó en la empresa Schneller und Schmeider. En diciembre de 1938 se alistó en la Wehrmacht, luchó y tuvo además como compañero de armas a Karl Wolf, el hijo de un alto rango de las SS.

Como judío fue expulsado del Ejército en 1940, entonces volvió a su antiguo trabajo. Más tarde estudió, se estableció con un negocio textil y pudo sobrevivir a las deportaciones. De su familia tan sólo se salvó su padre, que pasó no pocas peripecias para evitar los campos de exterminio. El 28 de septiembre de 2004 murió en Berlín a los ochenta y cinco años. Ya lo dijo Diane Arbus: «La fotografia es un secreto de un secreto. Cuanto más te dice, menos sabes».

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
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