Cubierta franqueda con los primeros sellos postales del reino de las dos Sicilias, el 28 de enero de 1860. © Colección del autor

Mucho antes de que llegara a España Rafaella Carrá y formara gobierno Silvio Berlusconi, Italia era una idea, una aspiración sobre el mapa, pues constituía un mosaico de ducados, reinos, repúblicas e incluso instituciones pontificias que alistaban regimientos de soldados. Un buen día llegó la oleada de la unificación y se acabó de un plumazo con una realidad que se había iniciado con la creación del Sacro Imperio Romano Germánico. Uno de aquellos reinos pre-italianos fue en su día el de las Dos Sicilias, que tenía en su cetro una rama de los borbones.

En enero de 1858 se imprimieron los primeros sellos de correos. A finales de año vio la luz el sello que aparece en la carta que ilustra este artículo, en concreto el 9 de diciembre. Con valor de 2 granas —tarifa para la correspondencia interior— representaba el caballito rampante de Nápoles intercalado en la Trinacria siciliana y la flor de lis borbónica. Fue estampado sobre papel blancuzco hecho a mano y grabado por el artista local Guiseppe Masini.

El sello está catalogado por el Unificato como rosa brunastro —preciosa palabra para definir una tonalidad del rosa— y pertenece a la plancha III. La persona que mandó la carta, dejó el pliego lacrado el 28 de enero de 1860, por lo que apenas podemos ver la estampilla, ya que fue cancelada con la marca ANNULLATO. Su destino era la ciudad de Barletta, cerca de Andría, en la antigua demarcación borbónica de Terra de Bari. El contenido de la carta se ha perdido, pero sabemos que no fueron buenas noticias. Garibaldi barría los pedazos de los antiguos estados. Apenas un año después de que fuese enviada la carta, caía la fortaleza de Gaeta, el último reducto de Francisco II. Fue un 14 de febrero de 1861.

Nueve años después nacería Italia, pero eso es ya otra historia. Una carta antigua, aun sin poder leer lo que contenía, nos incita a la lectura. En mi caso se me hace más urgente que nunca echar un vistazo a El Gatopardo, una de las novelas más sugerentes del siglo XX, obra de Guiseppe Tomasi de Lampedusa. Aunque para la mayoría Nápoles es un estercolero porque no se recogen las basuras y es el nido de la mafia, hubo un tiempo en el que fue un reino donde se ceñían la corona una rama de los borbones.

 

Bonita pareja de un grana. © Catawiki 

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
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