Curiosa hoja bloque alegal de los servicios postales del reino gay de las Islas del Mar del Coral . © Wikipedia

Hay naciones para todos los gustos. Unas son repúblicas (bananeras, algunas), otras reinos, imperios, ligas (no las de mujer, precisamente), ducados, principados y hasta confederaciones. Lo que a mí me interesan son las naciones imaginarias y, aunque no se lo crean, hay unas pocas. Porque, ya puestos, los países en los que vivimos participan ya de políticas imaginarias, irreales para los ciudadanos que pagamos impuestos, ya me dirán.

Me quedo con una de esas naciones —atiéndanme, la mayoría son micronaciones o simplemente no tienen territorio— surgidas más bien de la mente imaginativa de un publicista. Se trata del Reino (!) gay de las Islas del Mar del Coral. Lo han leído bien. Su proclamación tuvo lugar como protesta de los colectivos de gays y lesbianas ante la prohibición del matrimonio homosexual en Australia el 14 de junio de 2004. Uno de los miembros del grupo, Dale Parker Anderson, fue declarado emperador, con el nombre de Dale I.

Se pueden imaginar su bandera, claro que sí, la del arco iris. El reino no es reconocido por ningún estado y no se ha producido ningún asentamiento humano, por lo que las Islas del Mar del Coral permanecen deshabitadas. Es una extensión nada desdeñable, pero el problema estriba en que la mayoría son atolones, así que el territorio está deshabitado y no tiene visos de que en aquellos parajes se vaya a celebrar en breve el Día del Orgullo Gay.

El reino afirma haber comenzado un servicio postal desde el 1 de enero de 2006. Se supone que el correo funciona entre las islas y Queensland; sin embargo, en julio de 2006 todavía no había una confirmación independiente de su naturaleza exacta y de la frecuencia con la que lo llevarían a efecto. Emitió sus primeros sellos en julio de 2006 y pretende seguir una política conservadora con el fin de conseguir una buena reputación entre los coleccionistas, faltaría más.

Como comprenderán, no tienen sus emisiones validez postal, aunque muchos aficionados a la Filatelia los hayan adquirido para mostrar en sus colecciones esa nota exótica de sellos que se salen de la norma (postal, se entiende). Eso sí, pueden franquear una carta junto a los sellos oficiales y, la verdad, queda muy bien, lo malo es encontrar un matasellos en aquellos atolones perdidos de la mano de Dios.

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
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