El famoso buque corsario SMS Seeadler llegando al puerto de Nueva York en 1883. © Wikipedia

La Gran Guerra también se libró en el mar, no sólo se mataron unos a otros en el lodazal de las trincheras de Flandes. En océanos alejados de Europa —con cocoteros y, por qué no, nativas ligeras de ropa— se enfrentaron alemanes, británicos y franceses en una lucha sin cuartel, pero con aroma a salitre de los exóticos mares del sur, como en las mejores obras de Joseph Conrad. Pero, no lo olvidemos, era una guerra con todos sus desmanes.

Los alemanes llevaban las de perder, no podía luchar en igualdad de condiciones con la Royal Navy, la dueña de los mares en 1914. Así que se las apañaron para actuar como corsarios, es decir, atascar en lo posible las rutas comerciales hundiendo buques cargados de mercancías de las potencias beligerantes. Aquí entró en juego el SMS (Seiner Majestaet’s Schiff, navío de su majestad) Seeadler, una bricbarca de madera, uno de los últimos de su clase que se enfrentó a buques acorazados.

Cuando estalló la guerra estaba lejos de su patria, prácticamente al otro lado del mundo (gracias, Patrick O’Brian). Con falsa bandera noruega navegó durante más de doscientos días y hundió a quince barcos, pues montaba en cubierta camuflados cañones y ametralladoras. Sus exitosas cacerías le llevó a surcar los mares del Atlántico Sur y buena parte del Pacífico, y tan sólo murió una persona, un marinero de forma accidental. 

En gran parte, esa forma de hacer la guerra se debía a la personalidad de su capitán, el conde Felix von Luckner, que ya era él mismo un oficial atípico, con una verdadera novela de aventuras bajo el brazo como currículum. En las antípodas, cierto es, de la forma de actuar de los oficiales del Komet o del Orion, corsarios que enarbolaban la enseña nazi en cubierta durante la II Guerra Mundial. Horror.

El 1 de agosto de 1917 se encontraba fondeado en un pequeño atolón de la actual Polinesia francesa cuando un inesperado tsunami lanzó el velero contra los arrecifes. Una versión menos épica sugiere que en realidad la tripulación se encontraba de picnic en la paradisiaca isla y el barco se desancló. Más heroica, si cabe, fue la aventura de un navío de línea que hizo las veces de corsario, el crucero SMS Emden, pero esa es ya otra historia, más bien otra aventura.

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
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