Una imagen coloreada del U-96, submarino de la clase VIIC, a la vuelta de una misión durante la II Guerra Mundial. © Pinterest

“Cierren escotillas, inmersión… profundidad de periscopio”… y, de camino, un atracón de claustrofobia. Así es la vida en un submarino de la Kriegsmarine, los famosos lobos grises en la Segunda Guerra Mundial, bueno, y de la Primera. Porque no hay nada más emocionante que un U-Boot y patrullar de forma incansable las frías aguas del Atlántico Norte en busca de un convoy aliado cuando Gran Bretaña luchaba sola.

“Objetivo avistado… preparen torpedos, fuego el uno, fuego el dos”… y un hundimiento más, uno de tantos que casi consiguen su objetivo: acabar con el tráfico mercante y ahogar la economía de los británicos. Menos mal que los aliados capturaron intacta una máquina Enigma, junto con el libro de códigos, por cierto en un submarino, el U-110, pues no seríamos capaces ahora de escribir este artículo libremente.

Y es que la guerra submarina, para aquellos que no sabemos nadar, tiene una épica especial: las estrecheces de la nave, el suspense continuo, la vida que depende de un hilo (de aire), la lengua larga de los comandantes (ropas civiles incluidas) contra los nazis y el zumbido de las cargas de profundidad. Lo demás es literatura o, mejor dicho, la crueldad de la guerra.

Pero, ¿quién no se ha identificado con Günther Prien y su U-47 en Scapa Low? ¿O la misión secreta del U-307 de Wilhelm Dege? Apunten: tres meses después de acabar la guerra se rindió en Argentina el U-997, de Heinz Schäeffer (no era el dueño de la fábrica de salsas, os lo aseguro). Casi nada, menuda aventura bajo el mar.

Si quieren (sumergirse) en la vida de los submarinos alemanes, nada mejor que leer Una jauría de lobos y, si quieren ir más allá, los hay más arrojados (al agua) sigan las viñetas de U-Boot, de Jean-Yves Delitte, una historia de misterio que salta de un sumergible alemán a la Venecia (desecada) del año 2059. No tienen desperdicio ninguna de las dos obras.

Ojo, absténganse de revisar la película U-571, una bofetada a la Historia y al esfuerzo británico contra el nazismo, aunque, si le coge con las defensas bajas y sin un actimel a la mano, se la pueden tragar en una siesta letífica. «Sargento, voy a echarme un rato, avíseme si hay alguna novedad con el radar…».

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
Fernando Martínez on EmailFernando Martínez on FacebookFernando Martínez on GoogleFernando Martínez on InstagramFernando Martínez on LinkedinFernando Martínez on PinterestFernando Martínez on RssFernando Martínez on TwitterFernando Martínez on Youtube

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

Regístrate en nuestra lista de correos y recibe todas nuestras novedades.

Tu nombre:

Tu apellido:

Tu email:

You have Successfully Subscribed!