Para el independentismo catalán, la estelada se ha convertido en todo un símbolo nacional. © La Lamentable

La difusión de sellos postales es un invento burgués, como las democracias representativas, como la división de poderes o el capitalismo (salvaje, casi siempre)… y también del nacionalismo, que todavía pega sus coletazos en el siglo XXI, al menos en España. En fin, invenciones del hombre occidental cuando dejó de matarse por cuestiones religiosas y morir en masa por culpa de la peste negra. La regularización de los correos y las racionalidad de las tarifas nacieron a mediados del siglo XIX de la mano del nacionalismo, esa religión sin dioses, pero con muchas banderas y sentimientos a flor de piel.

En España estamos empachados de nacionalismo, pero no de aficionados a la Filatelia, que deambulan —antes en los mercadillos y ahora por internet— en busca de sus piezas o cartas con las que completar colecciones. Algunos coleccionistas sueñan despiertos con probables y nuevos servicios postales. Por ejemplo: una Cataluña independiente. Tranquilos, aquí nadie tiene derecho a decidir, sino a soñar con emisiones postales de un nuevo país, que al filatelista le trae sin cuidado la política. Pues, esto es lo apasionante, el sello —un pedacito de papel engomado pequeño que se pone (o se ponía) en el sobre— es un vehículo de afirmación (propaganda) política.

Imaginemos. No cuesta nada y es gratis. ¿Cómo serían sus series básicas? ¿Qué emisiones pueden ser fijas, la Navidad, la Diada? ¿Los lemas se escribirían en catalán y en castellano? ¿Tendrían un valor postal en otra moneda en un futuro cercano? ¿Será una entidad postal con una política conservadora o llenará el mercado de meras estampillas como hicieron muchos países subdesarrollados en la segunda mitad del siglo XX? La ilustración de este artículo es una simple apuesta con todos los ingredientes posibles: estelada, barretina, castells, Sagrada Familia

Los coleccionistas de sellos, créanme, no entienden de política. Sellos de Cataluña tendrían cabida en álbumes de coleccionistas de Andalucía o de Bogotá, por ejemplo. Pues los hay que se especializan en las emisiones del protectorado de Bohemia y Moravia durante la ocupación nazi y un buenazo(!) como Reinhard Heydrich regía los destinos de los checos. Y seguro que non son nacionalsocialistas. Ni adquirir sellos de Sudán del Sur sea un crimen contra la Humanidad, se supone.

Como la curiosidad mueve a la hombre y mucho más a un coleccionista de sellos, suposiciones como la de una Cataluña independiente filatélicamente hablando despiertan el interés de los aficionados, como los cabezotas de Isabel II cuando Filipinas era una colonia española —¡quién se encontrara con uno de ellos!— o de Francisco Franco o, ya puestos, del mismísimo Jefferson Davis. No creo que el molt honorable aparezca en ninguna serie conmemorativa. Tranquilos.

 

Propuesta de sellos de una Cataluña independiente. © Colección del autor

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
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