Cary Grant fue uno de esos actores que pasó de puntillas por la historia del cine, eso sí, vestido con un traje impoluto. © John Kobal Foundation/Getty Images

Las películas de este tipo tan distinguido son ininteligibles. Hay siempre unas lujosas cenas de etiqueta de por medio, unas copas en el jardín junto a la piscina y una música de baile sosegada que se escucha al fondo. Vamos a ver, ¿a alguien le gustan las pelis de este señor que nada tenía de norteamericano? Son melosas, intrascendentes, de alta sociedad y con final feliz, aunque la tensión y la tragedia —propias de una historia convincente— no aparezcan. Esas películas marcaron la Edad de Oro de Hollywood, mientras que en España se mataba la necesidad a guantazos.

Porque Cary Grant, que nació en Bristol en 1904, es esa persona que pasa de puntillas por el cine pero, eso sí, vestido con un traje impoluto. No parece un actor sino un aburrido bon vivant, de esos que ruedan una película lo mismo que juegan al blackjack, y con una copa de martini en la mano. Ni en la entretenida Con la muerte en los talones se despeinó y tuvo el suficiente tiempo como para ligar a una atractiva Eva Marie Saint en un compartimento de tren de los que ya no quedan.

Aunque fue nominado dos veces para los premios Óscar, Cary Grant no obtuvo ninguno, si bien recibió en 1970 un premio especial de la Academia de Cine en reconocimiento a toda su carrera. Durante sus último años se dedicó a viajar, dedicándose a diversas sesiones de su programa Una noche con Cary Grant, en las que tras la proyección de fragmentos de sus películas, respondía a las preguntas del público. Por lo menos no acabó en un Sálvame. Antes de comenzar uno de sus programas se sintió mal. Falleció el 29 de noviembre de 1986. Tenía ochenta y dos años.

Aunque los filmes en los que apareció no pasarán a la historia del cine, el que esto escribe apostaría vivir durante un tiempo como el actor, galantear por esas citas de la alta sociedad, vivir alguna que otra aventura y llevar una doble vida, como en Atrapa a un ladrón, que ya debió ser un gusto rodar junto a Grace Kelly. Nadie mejor que el propio Grant podría decir aquello de «todo el mundo quiere ser Cary Grant, incluso yo quiero ser como Cary Grant». Genial.

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
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