Imagen muy difundida del escritor británico Óscar Wilde tomada en enero de 1882. © Napoleón Sarony

No hace falta buscar una foto muy original para completar esta entrada de la web. Un clásico como El retrato de Dorian Grey no se merece otra instantánea que la de su autor, el inigualable e inimitable Óscar Wilde. Un simple vistazo después de leer su única novela en las interminables y provechosas tardes de otoño, nos lleva a pensar que Dorian Grey no es más que un trasunto de Wilde. El abrigo, la forma de peinarse, el bastón, las sortijas… y esa mala leche cuando abre el pico.

En definitiva, el dandismo en su estado puro. ¿No es ese Grey, algo relamido, un hombre que se considera elegante y refinado, y cuya actitud ante la vida se caracteriza por la falta de deseo, la desgana, el aburrimiento y el desprecio por los gustos del vulgo? Por unos pocos euros en tiempos de lamentaciones económicas, se puede disfrutar de un auténtico clásico, de una historia que hoy se puede interpretar en una clave que al propio Wilde le costó la cárcel. Merece la pena buscar algo de tiempo para tomarse un té mientras Basil trabaja en su estudio sin descanso.

Evidentemente la historia camina por los derroteros de la novela gótica y la zafia crítica a la sociedad victoriana en su gloriosa fase final, en los límites de los dos siglos no la dejó muy bien parada. Y en esa narración, que no produce terror, pero sí desazón por la hiriente superioridad de las clases altas, hay que destacar sin duda a Lord Henry Wotton, un noble que inicialmente es amigo de Basil Hallward —el pintor del famoso retrato—, pero que después queda intrigado por la ingenuidad y belleza de Dorian.

Portada del libro  © Alianza Editorial

Ese amigo es extremadamente ingenioso. No es extraño que sea visto como una crítica a la cultura victoriana tardía, que abraza una visión indulgente del hedonismo. Corrompe a Dorian con su visión del mundo, así que Dorian intenta emularlo. Sus máximas son memorables. Ahí va una: «La vida es una cuestión de nervios, de fibras, y de células lentamente elaboradas en las que el pensamiento se esconde y la pasión tiene sus sueños».

Y así se podrían poner más ejemplos. Esta novela, moderna, si la quieren definir así, ha sufrido una reciente puesta en escena en los cines, donde los efectos especiales tienen la sartén por el mango. Por cierto, no dejen de leer una biografía de Wilde, es un acto apremiante. Por ejemplo, ¿qué les parece Conversaciones con Óscar Wilde? Es barata y resulta interesante la aproximación al polémico personaje.

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
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