La palabras de un trabajador forzoso en Alemania durante la II Guerra Mundial, una postal franqueada con marcas de censura. © Colección del autor

Cuenta recientemente Keith Lowe en Continente salvaje las condiciones de vida de los trabajadores forzosos (por no llamarlos esclavos) que Alemania reclutó de los países que invadió durante la II Guerra Mundial. Uno de ellos fue Francia, que engendró la contradicción de enviar la LVF (una unidad insertada en la Wermacht) al frente ruso y a la vez sufrir la explotación de la fuerza ocupante. Esta carta, que ha recorrido un camino tan tortuoso como el señor que la escribe, muestra un retazo de luz, de palabras reales, que arroja algo de calor humano a la Historia

Jean Rivet, que ya ha asomado por aquí su vida, es un trabajador especializado. Escribe: «Esta tarde he recibido por fin la maleta de la abuela y todo lo que había dentro. Estoy muy contento y te lo agradezco mucho. El paquete no ha sido abierto del todo, estaba muy completo y, con tres de mis mejores amigos, lo hemos vaciado. Cuando puedas me envías ese jarabe, además desde que estamos aquí hay algunos compañeros que ya lo han recibido».

Nada es más real que las penalidades que pasa en un país que no es el suyo y en una ciudad, Gardelegen, de la Alta Sajonia, que tiene la fortuna de contar con una fábrica de piezas aeronáuticas, vitales para los aviones de la Luftwaffe. Queda mucha guerra por delante, pero el señor Rivet es presumido, añora su ropa, los paseos dominicales… en definitiva, su vida cómoda anterior al drama de la guerra.

Más adelante relata: «Por fin quizás vaya al cine el próximo domingo y la semana que viene seguramente vaya a ver a Georges. Ayer por la tarde le escribí que todavía no tenía mis cosas, voy a escribirle. Estoy muy contento de volver a ver mis pertenencias. ¡Hace tanto tiempo que estoy sucio! ¿Te das cuenta? Yo que en casa siempre llevaba corbata. Aquí no me pondré corbata todos los días, pero los domingos por la tarde me arreglaré un poco».

La postal, fechada en marzo de 1944, no cuenta todavía los horrores del frente. Los alemanes retroceden en todos los países que mantienen ocupados, pero Jean Rivet no conoce los terribles bombardeos estratégicos de los aliados. La guerra avanzó. Sabemos que el 15 de abril de 1945 se produjo una matanza de civiles a manos de pelotones de las SS, en total asesinaron a 1.016 inocentes, entre prisioneros políticos y prisioneros de guerra, pues cerca de la fábrica de Gardelegen también se construyó un campo de prisioneros, que se llenaría de soldados rusos. Desconocemos si el señor Rivet se encontraba entre ellos.

Nos queda tan sólo esta postal franqueda con el 15 pfennig marrón-lila (Yvert 713, dentado 14, 18½x22½) con sus marcas de censuraEn los archivos sobre deportación que ofrece el gobierno francés aparece un Jean Rivet, nacido el 25 de enero de 1918 en Charente Saint Claud y que murió el 15 de noviembre de 1944 en el campo de exterminio de Gross Rosen, actual Polonia. ¿Es el mismo de la carta?

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
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