Espectacular imagen de la luna Europa. Una gruesa capa de hielo esconde un mar interior. © Observatorio.info

Hay otra Europa posible, y no es simple demagogia. Acostumbrados a los recortes, a los índices negativos del déficit público, a las subvenciones que hoy se recortan, a los acuerdos comunitarios y al euro (maldita moneda), se nos olvida que existe un mundo que orbita alrededor de Júpiter, ese planeta gaseoso en el que una tormenta lleva dando vueltas por su voluble atmósfera más de trescientos años. Es una luna, que es 0,008 veces la masa de la Tierra, vamos, una pequeñez, pero Europa es un mundo apasionante, créanme.

Incluso con traje espacial, duraríamos unos minutos dando un paseo por su superficie, debido principalmente a la violencia de las radiaciones o, dicho de otra forma, a la debilidad de su atmósfera, prácticamente inexistente. ¿Cuál es entonces su atractivo para visitarla? Pues las vistas, un balcón privilegiado para observar el gigante rojo. Y además, es un planeta helado, una capa de unos veinte kilómetros cubre por completo su relieve; un hielo resquebrajado y, ¡oh sorpresa!, un lago descubierto recientemente, que fluye bajo esa capa gélida.

Pero posee más encantos: bajo ese estrato brutal de hielo mezclado, se supone, con rocas, hay un mar salado de una profundidad que quita el hipo, unos cien kilómetros. Ríete tú de la fosa de las Marianas. Nada, multiplique por diez la mayor profundidad conocida. Y, como podrán imaginar, se intuye que puede haber vida, pues se temen los científicos que en las profundidades haya chimeneas térmicas, el ingrediente esencial para que se cueza el puchero orgánico al que llamamos vida desde hace eones.

Tal vez sean extremófilos, seres vivos acostumbrados a vivir en las situaciones extremas, pero es un avance. La Europa que conocemos es, por ahora, la unión de los intereses económicos, la insolidaridad para con sus ciudadanos/contribuyentes y la del nulo futuro para sus preparados jóvenes. Allí, en la otra Europa, a más de seiscientos veintisiete millones de kilómetros no se escucha ni una voz, a lo mejor pululan unos bichitos, que en épocas pretéritas sus millones de cadáveres, ya descompuestos, dieron ese color rojizo a sus enormes grietas de hielo.

Las conjeturas de vida extraterrestre han dotado a Europa de un alto perfil y han conducido a presiones políticas constantes para programar nuevas misiones. Los objetivos de estas misiones van desde el examen de la composición química del satélite hasta la búsqueda de vida extraterrestre en el hipotético océano interno, sobre todo desde que se ha hecho pública la existencia de posibles géiseres, una fuente termal de proporciones gigantescas.

Las misiones robóticas tendrán que soportar la alta radiación que rodea a Europa y Júpiter. El programa JUICE (Jupiter Icy Moons Explorer) de la Agencia Espacial Europea, planea misiones de observación a Europa, cuyo lanzamiento está estimado para el 2022. La NASA cuenta desde 2013 con su programa Europa Clipper, planeado para 2025, que consta de misiones de astrobiología con el fin de encontrar vida en Europa. Suerte.

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
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