La escena de la despedida de los protagonistas del filme Casablanca son ya parte imborrable de la historia del cine. © Popperfoto/Getty Images

¿Quién dijo que setenta y cinco años son muchos? Pues son apenas un suspiro cuando hablamos de Casablanca. Fue una película discreta, compleja y de difícil realización: que si quítame ese guión de ahí, que si no sabemos quién la va a dirigir, que si pesaba la propaganda de una nación (Estados Unidos) que tenía medio pie en la Segunda Guerra Mundial… en fin, los hechos que se concatenan para convertir una película menor en apariencia en una obra maestras del género.

Así es la mítica cinta de Rick Blaine, la guapísima Ilsa Lund y el pasmado de Víctor Laszlo, pero yo me quedo con el fulano corrupto y pendenciero del capitán de los gendarmes, Louis Renault (!). Casablanca se basó en la obra teatral Todos vienen al café de Rick de Murray Burnett y Joan Alison, que nunca fue puesta en escena. La película se rodó completamente en estudios, excepto una secuencia en la que se muestra la llegada del mayor Strasser, que se realizó en el Aeropuerto Van Nuys. El guión originó problemas, lo mismo que el director, la estatura de la Bergman y hasta el mítico final, que se tuvo que improvisar acabado el rodaje en una pista de aterrizaje de pega.

 

Escena de Casablanca

Sam ameniza una de las noches en el famoso café de Rick. © Byrd Theatre Foundation

Casablanca se estrenó en Nueva York el 26 de noviembre de 1942 y la cinta está plagada de curiosidades. Cuesta imaginar a Ronald Reagan en el papel de Bogart. El celebérrimo pianista Sam (Dooley Wilson) iba a ser una mujer, nada menos que Ella Fitzgerald, pero eso de ser una mujer negra que acompaña por medio mundo al protagonista no convenció a los productores. Los actores no conocían la historia, a medida que se rodaban las escenas comprendían la trama, incluida la famosa frase final.

De los tres premios óscar con los que fue premiada en la edición de 1943, destaca el del mejor guión. La primera vez en la historia de la Academia en la que dos hermanos gemelos (Julius J. y Philip G. Epstein) se llevaron el premio. Gracias a su asombroso parecido físico eran capaces de compartir hasta la misma mujer. Sabemos que Bogart nunca dijo: «Tócala otra vez, Sam». Se lo debemos al título original de la película de Woody Allen Sueños de seductor. Y así podríamos seguir, con más detalles, como la canción original, As time goes by, que iba a ser suprimida por culpa del pelo corto de la Bergman. En definitiva, las casualidades que la convirtieron en una de los filmes emblemáticos de la historia del cine.

 

Los cuatro protagonistas principales de la inolvidable película de la Warner Brothers. © El Periódico

Celebren los setenta y cinco años del café de Rick con un cuenco de palomitas, cómodamente en el sofá de casa y con el último DVD que haya salido al mercado con todos los extras posibles. Acompañen a un Bogart amargado y retorcido sobre la barra de su garito recordando un París que tan sólo habita en la memoria de los derrotados por la vida. Y tarareen La Marsellesa como si lucharan contra el nazismo y esperaran, como un milagro, un salvoconducto para emigrar a los Estados Unidos. Salud, Rick. Ya mismo cumples ochenta.

 

Cartel de la película. © Lopezdoriga

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
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