En lo que hoy son los restos de la Acrópolis, en otro tiempo fue el lugar en el que nacieron conceptos como democracia y humanidad. © jon1204pdt

Humanidad no es defender los derechos de los perros y festejar los éxitos deportivos en la plazas públicas, tampoco es mostrar la lágrima fácil ante la solidaridad espontánea y superflua. Humanidad es otra cosa, es sencillamente un viejo ideal que comenzó a orillas del mar Egeo y, la verdad, es que en esas seguimos todavía, a pesar de los siglos sobrevenidos y de las guerras (incluso mundiales) que han teñido los calendarios.

Porque construir la sociedad —hacer Humanidad, dicho con otras palabras— es discernir lo justo de lo injusto, de ser libres para decidir nuestro futuro y resistir frente a un medio hostil y bárbaro. Aspiraciones complejas, ¿nos le parece? Pero todo ello que se pueda enlazar con confiar en los hombres y el futuro de aquellos que nos sucederán. No crean que este artículo es un mitin político, ni mucho menos.

Casualidad o no, los principios del párrafo anterior surgieron en la Hélade, esa región machacada por los llamados mercados. Ese mismo lugar donde unos seres humanos llegaron a la conclusión de poner por encima de credos religiosos e intereses económicos al hombre. Lo que parece tan claro lleva unos años a contracorriente. Ya hace unas décadas vimos con asombro cómo se erradicó del currículo de Secundaria Obligatoria las Humanidades.

Portada del libro.  © Acantilado

En cambio, los centros de enseñanza adoctrinan en el adocenamiento sin ningún tipo de pudor y los valores humanos son los de la productividad y de los mercados. Lo que antes era esclavitud y luego se llamó servidumbre, hoy se denomina cultura del emprendimiento o cosas por el estilo. Por eso rescatemos un libro y dejemos a un lado las mesas de novedades de las librerías plagadas de gruesas novelas históricas o de erotismo de extrarradio.

Un escritor como Pedro Olalla, afincado en Grecia desde 1994, nos ofrece algo de luz con Historia menor de Grecia, que ya va por su segunda edición, un logro apasionante en estos tiempos reacios a la lectura. A la manera de breves retazos o pasajes recorre la historia de Occidente con la aportación del espíritu humanista, un viaje a las raíces de la condición humana. Dice el autor, con toda la razón, que la única civilización posible es la que une a los hombres contra la barbarie, y se puede añadir (de nuestra cosecha) la que nos une contra las prebendas de los que manejan el cotarro dede siempre.

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
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