Una de las cartas más famosas, caras y extrañas de la historia de la Filatelia, la invitación al baile del gobernador de Mauricio. © World of Philately

No les invito a un baile, sino a leer este artículo que mezcla el gusto por las rarezas filatélicas y los chismorreos de la alta sociedad, aunque sea en una isla remota del Océano Índico a mediados del siglo XIX. Les pongo en situación. Siete años después de la aparición del primer sello de correos en Londres (1840), en la lejana colonia inglesa de isla Mauricio, alguien trabajaba con ritmo frenético para preparar en poquísimos días los primeros sellos de la isla.

En la colonia se remeda la vida de la metrópoli, apenas llegan instrucciones que, por cierto, tardarán bastante tiempo en llegar por barco. Además del estreno de un pedacito de papel que se pega en una carta y paga el franqueo, hay en la isla una agitación especial. La mujer del gobernador debe dar un baile y quiere enviar las invitaciones sirviéndose de aquella novedad. Así nació el penique anaranjado, que se imprimió en unos pocos ejemplares, pues pronto fue sustituido por una segunda emisión, que llevaba la inscripción Post Paid y no Post Office, aquellos que llegaron de la metrópoli. Fueron grabados, los primeros de la isla, por Joseph Osmond Barnard, nacido en Inglaterra en 1816, y que viajó de polizón en un barco a Mauricio en 1838.

Allí trabajó como grabador y lo que hizo fue remedar el estilo de los que ya circulaban pegados en las cartas por las calles de Inglaterra, es decir, el perfil de la reina Victoria, y con los mismos colores. Puso sus iniciales, JB, en el ángulo inferior izquierdo. ¿Cuántas veces hemos tirado una invitación franqueada con un sello? Pues entonces se tiraron, se estropearon —propio de los climas tropicales— y se perdieron porque sí, como tantas cosas en nuestras vidas. Se calcula que la plancha original puedo tirar unos quinientos sellos y hoy los podemos contar con los dedos de una mano, luego su valor se multiplica cada pocos años.

Los sellos supervivientes se encuentran principalmente en manos de coleccionistas privados, pero algunos están expuestos al público en la Biblioteca Británica de Londres, incluyendo el sobre de la invitación original para el baile con el sello del gobernador incluido, que reproducimos en la fotografía que preside este artículo. Recientemente se ha subastado un ejemplar, el dos peniques azul, por un millón de libras, y salió a subasta por unas veintinueve mil. Calculen: un señor anónimo gozará ahora en soledad de sus vivos colores, como si se hubiera emitido ayer. Lo que no sabemos es si acudirá al baile.

 

Hermosa pareja de uno y dos peniques de 1847. © Stamp World

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
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