El escritor Javier Marías es también conocido como Xavier I de la isla Redonda. © Panenka

Si nos atenemos a la historia, fue Cristóbal Colón durante su segundo viaje en 1493 el que descubriría esta isla de no más de tres kilómetros cuadrados, situada entre las ínsulas Montserrat, Antigua y Barbuda, y el que la llamó Santa María de la Redonda, aunque sus habitantes por entonces la conocían por Ocamaniro. El almirante daría poca importancia a este peñón, ya que al verlo de costa tan escarpada ni siquiera hizo tierra en ella.

Esta privilegiada situación en el Caribe, unida a lo dificultoso de su acceso, hizo de la isla un refugio ideal para piratas y corsarios, ante la indiferencia de las potencia colonizadoras de la zona. Así pasarían los siglos, hasta que en 1872 cuando Inglaterra, temiendo que los estadounidenses lo hicieran antes, la anexionó a su Imperio, aunque la jugada le saldría perfecta, ya que la isla era una mina de guano. Desde ese momento La Redonda pasó a depender de su vecina Antigua, también colonia británica.

Sin embargo, durante años, desde 1865, una familia de banqueros irlandesa afincada en la vecina isla de Montserrat, con su patriarca a la cabeza, Matthew Dowdy Shiell la había reclamado para celebrar el nacimiento de su primer hijo varón Matthew Phipps Shiell. La idea del banquero era crear un reino para su hijo, pidió permiso al gobierno inglés y la reina Victoria aceptó la propuesta a condición “de no perjudicar la política colonial británica”.

En 1880 el obispo de Antigua coronaba a Matthew Phipps como Felipe I, Rey de Redonda. Durante años los Shiell reclamaron la posesión ante la Oficina Colonial Británica sin éxito, aunque se les autorizó seguir utilizando el título de real. Shiell (Felipe I) se convirtió en un escritor famoso, alabado por contemporáneos suyos tan ilustres como Edgar Allan Poe, Lawrence Durrell, H.G. Wells o Henry Miller. Shiell quiso que este reino tan pintoresco tuviera una nueva aristrocracia, basada en el mérito del espíritu y no en el de la sangre. El gobierno inglés no se opuso a ello mientras no afectara a la explotación de guano. Algunos de los colegas antes mencionados recibieron título de nobleza por parte de Felipe I.

Tan rocambolesca idea de corte fue parida por otro escritor discípulo de Shiell, Terence Ian Fytton Armstrong, que era conocido por el pseudónimo de John Gawsorth, que recibiría de su mentor la regencia del Reino, y a la corona en 1947, como Juan I.

 

Redonda es una pequeña isla deshabitada de 1,6 km cuadrados de superficie.  © javiermariasblog

De vida desordenada, Gaswsorth —fue piloto de la RAF—, frecuentaba en exceso las tabernas de Londres, y otorgaba títulos nobiliarios a personas que él tuviera por meritorias, incluso algunos aseguraban haber recibido de él la realeza. Juan I moriría en un hospital público, alcohólico y en bancarrota. Sería el editor y novelista John Wynne-Tyson el que finalmente reinaría en Redonda como Juan II al haber recibido los derechos de su antecesor en el trono, 17 febrero 1967.

Wynne, harto de estar desautorizando a competidores, decide en 1997, cedió su cetro a un escritor que estudió a Gawsworth, y que incluso lo incluyó en su obra Todas las almas. El escritor, profesor de lengua española en Oxford, no es otro que el español Javier Marías. En 1997 Marías se convirtió en Xavier I de Redonda.

Siguiendo la idea original de Shiell, Xavier I reina en un reino no político, basado en la nobleza intelectual. Ha otorgado títulos a Pedro Almodóvar, duque de Trémula; Fernando Savater, de Caronte; Eduardo Mendoza, de Isla Larga o Francis Ford Coppola, de Megápolis. Así como “un emisario infiltrado en la ONU”  (Philby) o embajadores en los lugares más extraños que se imaginen. Redonda sigue deshabitada desde 1917, pero Xavier I ha creado un sello editorial y un premio anual. Para ser duque es indispensable que la obra del candidato esté traducida al inglés o al español, según su procedencia.

Además posee una bandera, diseñada por Javier Mariscal, una moneda y un pasaporte. Y por no faltarle, no le falta ni transporte oficial, la bicicleta. Su lema, Ride si sapis, algo así como “Ríete si lo entiendes”, digno de un rey que se confiesa republicano, que heredó el trono “por ironía y por letra, y nunca por solemnidad y sangre”. Los ingleses no toleran que un español reine un territorio donde la Corona tanto invirtió para que España no estuviese, y proclaman que William Leonard Gates es el verdadero monarca de la Redonda, el que se autodenomina rey Leo.

José Antonio Esquinas
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