Daniel Craig es, hasta la fecha, el último actor que da vida al agente secreto con licencia para matar James Bond. © Televisa

A vueltas con Bond, James Bond. Se cumplen cincuenta años de misiones del mejor agente del MI6, del embajador de los servicios de inteligencia de la Gran Bretaña, y ahí lo tienen, más vivo que nunca, con sus martinis con vodka, mezclados, pero no agitados. Entonces nacen las preguntas que afloran en cualquier pozo de friquismo: ¿Quién fue el mejor Bond?, ¿quién la más bella de sus compañeras-aliadas-amantes?, ¿cuál el mejor invento de Q? Y, por supesto, ¿quién es el malo malísimo más entrañable?

Tal vez sea Sean Connery (1930) el más destacado de sus intérpretes, por aquello de ser un rudo escocés que tuvo que refinarse para interpretar a tan distinguido agente secreto con licencia para matar. Y será por la definición del personaje, por la estética retro (parece que ya en su época lo era) y por mostrar un Bond sin fisuras, rotundo y algo malvado. Luego, fue machista, despiadado… y un buen día se tuvo que poner hasta un peluquín. Ahí acabó su carrera. Más tarde, ya se sabe: me hago nacionalista escocés (si la reina Victoria levantara la cabeza), interpreto cualquier papel a mano, bla, bla, bla…

Por los ochenta y parte de los noventa pasemos de puntillas, los años de Roger Moore y de su enemigo Tiburón, unos años olvidables tan rápidamente como la alocada serie de películas de la época. Luego llegaron los dos sosos de Timothy Dalton y Pierce Brosnan. Por fin el siglo XXI y con él Daniel Craig. El actor tiene cara de palo, pero es ambiguo, como estos tiempos que nos han tocado vivir. No sabemos cómo va a reaccionar, ni de qué lado está en los momentos más siniestros de la trama; además, tiene (tenía) una relación edípica con M (todo un hallazgo).

Y algunos me dirán que dónde he dejado a George Lazenby, ese señor larguirucho que interpretó al agente secreto más famoso en una única película: Al servicio secreto de su majestad. Pues ya ha llovido mucho desde su estreno en 1969 y la cinta, cualquiera sabe, se puede convertir de culto para los aficioandos a la saga. Mientras tanto es un grano en un erial.

Larga vida a James Bond, que se tome a nuestra salud muchos martinis y, en tiempos de recortes, que no se gaste mucho dinero público (fondos reservados) en coches, hoteles y trajes. Nada, lo justito para acabar con el villano de turno. Por cierto, la mejor de sus compañeras, una de las menos espectaculares, es en mi humilde opinión Mary Goodnight. Todo un descubrimiento. Ya otro día hablaremos de sus acompañantes femeninas, que dan más juego que los villanos. ¿No les parece?

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
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