Un lienzo salido de las manos de Adolf Hitler titulado El patio de la residencia vieja en Munich (1912). © Artenadas

La Historia también sirve para elucubrar, lo que entre nosotros se llama «Y si…» y, en inglés, que queda más fino, What if… no es otra cosa que pensar en hipótesis. El caso es que en manos de unos académicos de la prestigiosa Academia de Bellas Artes de Viena estuvo el destino de Europa, bueno, en verdad la vida de cuarenta millones de seres humanos que provocó la II Guerra Mundial. Me explico. En dos ocasiones se presentó al examen de ingreso un joven austríaco huérfano de padre que se inscribió con el nombre de Adolf Hitler. Sí, como lo oyen, soñó un buen día con ser pintor, y no de brocha gorda precisamente. Eso ocurrió hasta en dos ocasiones, en 1907 y 1908.

Los académicos dijeron, así sin más, que no tenía aptitud de la pintura, sin rodeos. ¿Qué hubiera ocurrido si ingresa en la prestigiosa institución y se pone a dar brochazos durante unos pocos años? Tal vez no se hubiera alistado en 1914, ni luchado en la Gran Guerra; además, nada de puñalada por la espalda de los judíos en la dura posguerra y, claro está, nada de política, que embrutece, créanme. Con toda seguridad, se hubiera convertido en un pintor burgués, acomodaticio, pues su vanguardia, entendida como rebeldía, se encontraba en otros principios más siniestros. Una exposición, unas ventas y a echarse a dormir, pero, ya saben, todo es un tal vez…

Una acuarela salida de las manos del dictador alemán.  © Taringa

Se sabe que irónicamente algunas de sus acuarelas fueron compradas por judíos, pues Hitler se puso en contacto con Samuel Morgenstern, un hombre de negocios que actuó como un primer promotor y vendedor de su obra. Con ese hecho histórico juega la película de Menno Meyjes titulada Max, que muestra la relación de un Hitler que coquetea con la política, aunque le queda un rescoldo de pintor cuando conoce a un marchante de arta ficticio llamado Max (John Cusack), judío, por supuesto.

Una advertencia, académicos del mundo, no castiguen el talento de cualquier creador por muy inepto que sea, no vaya a ser que se resienta contra el sistema. Se empieza por un pequeño partido político, apenas unos seguidores marginales, y se acaba en las cámaras de gas, con crímenes contra la humanidad a las espaldas. ¿Les suena esa historia de algo? Den ánimos a los artistas que necesiten un empujoncito. De esa forma conseguirán que insistan en sus posibilidades, que se machaquen un poco consigo mismos y, si se cansan, no estarán resentidos contra la Humanidad, seguro.

Fernando Martínez
Editor de FM Revista de Cultura
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